22 de septiembre de 2015

¿Qué esconde Joaquin Phoenix bajo ese excéntrico halo de misterio?

Por M. J. Arias

A punto de cumplir los 41 años, Joaquin Phoenix lleva un tiempo rodeado por cierto halo de misterio y excentricidad que lo han convertido en uno de esos actores poco amigos de los focos, con cierto grado de inaccesibilidad, aspecto desaliñado, que recela de la fama y las alfombras rojas y al que no asustan los papeles complicados. Esta semana estrena ‘Irrational Man’ a las órdenes de Woody Allen, quien lo convierte en un profesor de filosofía en la Universidad con problemas con el alcohol y el sexo y una de esas personalidad neuróticas que tanto gustan al director neoyorquino.

El de Abe es otro más de esos personajes con recovecos, fuera de la norma y complicados de construir que siempre han gustado a Phoenix y que han contribuido a crear ese halo de actor excéntrico que le rodea. A quién si no se le iba a ocurrir anunciar a bombo y platillo que dejaba la actuación para convertirse en rapero y que todo eso resultase se un experimento convertido en documental para mayor gloria del propio actor. Eso es lo que fue ‘I’m Still Here’, un singular experimento en la línea de un actor que se ha erigido así mismo como un personaje hollywoodiense.

Simpatizante de la PETA, es un vegano convencido hasta el punto de exigir que las prendas de ropa que usa en los rodajes sean de materiales sintéticos. Nada de pieles de animales en contacto con la suya. Ha estado nominado al Oscar en tres ocasiones (‘Gladiator’, ‘En la cuerda floja’ y ‘The Master’) y tras su voluntaria desaparición para rodar ‘I’m Still Here’ volvió a la actuación que en realidad nunca había dejado con las pilas más que cargadas para regalar al espectador trabajos como el de ‘The Master’ y ‘Her’.

El hermano pequeño de River Phoenix siempre tuvo claro dos cosas. La primera, que no quería ser eternamente el ‘hermano de’. La segunda, que tampoco quería ser encasillado como actor romántico por papeles como el de ‘El secreto de los Abbot’. De ahí que tras enamorar como Doug Holt decidiera dar un cambio radical a su carrera y se dejase llevar al lado oscuro. Quién no recuerda al tatuado Max California de ‘Asesinato en 8 mm’ solo dos años después.

Le gustan los papeles complicados y, todo sea dicho, se le dan muy bien. Una combinación de querer y poder que hace que no le falte trabajo a las órdenes de directores de la talla de Woody Allen, Paul Thomas Anderson (con el que ha rodado en dos ocasiones), Spike Jonze, M. Night Shyamalan (con el que volverá a trabajar por tercera vez tras ‘El bosque’ y ‘Señales’), Ridley Scott, Oliver Stone y Gus Van Sant. La lista impresiona. Con Shyamalan y Anderson ha repetido, pero si hay un director que lo tiene como actor fetiche ese es James Gray. Cuatro de sus seis películas, una aún en ciernes, han contado con planos de Phoenix. Suyas son ‘La otra cara del crimen’, ‘La noche es nuestra’, ‘Two Lovers’ y ‘El sueño de Ellis’.

Con cierta fama de enfant terrible y excéntrico, ha dado muestra de ello en más de una rueda de prensa. En Venecia aún recuerdan aquella de presentación de ‘The Master’ en la que se fumó un cigarrillo, pasó de auriculares y entró y salió de la misma como si la cosa no fuese con él. Hasta esa cicatriz que le surca el labio superior y de la que se han escrito todo tipo de leyendas urbanas contribuye a ese halo de misterio y excentricidad. Pese a todo, ¿qué director no le querría en su película?

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