7 de diciembre de 2017

¿Qué pasó en los 80? (II) Conan, el destructor

Las películas de aventuras tuvieron en los 80 un increíble auge, debido en gran parte a la fantasía espacial de George Lucas. De repente todos los estudios empezaron a invertir en grandes producciones de ciencia ficción, aventura y fantasía, y de este último salió un nuevo subgénero. El cine de espada y brujería se instauró en 1982 con Conan, El Bárbaro, una maravillosa película que convirtió en estrella a un por entonces desconocido Arnold Schwarzenegger. No se tardó demasiado en iniciar la producción de su secuela, Conan, el Destructor, que como su nombre indica, prometía ofrecer un Conan desatado. ¡Y así fue!
Como no podía ser de otra manera, el motivo principal para ver cualquier película de Conan es el mismísimo Conan. Y es que cuesta imaginar el personaje en una piel distinta a la de Arnold Schwarzenegger. En esta secuela vuelve a realizar él mismo la gran mayoría de escenas, dándole un gran realismo a todas las luchas y un genial carisma a todo el personaje. Pero además contamos con nuevos personajes para acompañar al bárbaro.
Zula, interpretada por Grace Jones, es la mejor incorporación de la película. Su personaje es divertido y duro, y cuenta con una presentación a la altura al verla pelear contra seis hombres mientras está atada. También volvemos a encontrarnos con el mago Akiro, que hace aumentar la fantasia, y conocemos a la princesa Jehnna, que le otorga un toque de dulzura e ironía a la película. En definitiva, unos compañeros a la altura de Conan.
Para esta secuela se cambió de director, incorporando a Richard Fleischer y dejando atrás un más notable John Milius. El cambio supuso también un nuevo enfoque, decidiendo disminuir la violencia para poder entrar así en una calificación por edad que abriera las puertas a más público. La decisión fue, probablemente, un error. Se echa en falta algo más de sangre en una película que lleva por título Conan, el destructor.
Aun así, contamos con las secuencias de lucha y la cantidad de sangre necesarias para recomendar la película. Y en esa apuesta por un público más joven también se añadió mucho más humor al estilo de los 80, con diálogos divertidos y secuencias algo absurdas (la presentación de Akiro, a punto de ser devorado por caníbales).
Junto a Arnold Schwarzenegger estamos ante la mayor baza de la película. La banda sonora vuelve a recaer en el talento de Basil Poledouris, que consigue hacer retumbar los altavoces y encajar su música a la perfección con las imágenes. Varios temas recuerdan a los oídos en Conan, el Bárbaro, pero pese a los ecos de la primera parte Basil consiguió otra banda sonora de altura. Al fin y al cabo, Conan es el trabajo por el que ha pasado a la historia. Y merecidamente.
También hubo un cambio en las localizaciones. Si la primera parte se rodó en gran parte en Almería, para esta segunda el equipo se desplazó a México. Allí encontraron de nuevo grandes y variados paisajes, ya que en la película podemos ver pequeños lagos con cascada, desierto, y zonas más boscosas. Pese a ser una película que pasa su mayor tramo en mazmorras de interior, contaron con unos paisajes maravillosos que hacen de la historia algo mucho más grande y vistoso.
Y precisamente ese es el último motivo para verla: La historia. Roy Thomas y Gerry Conway, dos guionistas de Marvel, fueron los encargados de crear una historia original para la película. Ambos habían escrito varias historias de Conan en los comics y su experiencia se nota en la forma de mezclar la brujería y las peleas físicas con total naturalidad. La historia, además, cuenta con una villana a la altura, dispuesta a invocar al dios Dagoth cueste lo que cueste. Y aunque no desvelaremos mucho más, solo queremos añadir que la película cuenta con algún monstruo fascinante.
Conan, el destructor, es una película de lo más entretenida, llena de momentos espectaculares y muy divertidos. Justificar su visionado es sencillo. Por si acaso, diremos el motivo principal tres veces más, a ver si con suerte se nos aparece y ve que hemos escrito bien su nombre: Schwarzenegger, Schwarzenegger, Schwarzenegger. Nada que añadir.