27 de julio de 2016

¿Qué tiene Bourne que no tiene Bond?

Por M.J.Arias

La cuarta y esperadísima entrega de Jason Bourne regresa esta semana a los cines en medio del aplauso generalizado de los fans por su regreso y con la expectación situada a niveles estratosféricos por ver si Matt Damon está, pese a sus 45, en plena forma. Cosa que no dudamos. Han pasado nueve años desde que se metió en la piel del personaje creado por Robert Ludlum, doce en la ficción.

El exagente de la CIA no ha recuperado del todo la memoria y algo le hace salir de nuevo a la luz. Eso en la película. En el mundo real ha sido la aclamación popular lo que ha propiciado este regreso tras el intento fallido de prolongar la saga con Jeremy Renner a los mandos. Puede que James Bond sea más famoso y longevo, pero Jason Bourne tiene algunas cosas que le faltan a 007. No todas ellas buenas, las cosas como son. ¿Tú de quién eres más?
Nos preguntábamos en el titular de este post que qué tiene Bourne que no tenga Bond. Y así, de pronto, lo más evidente es que a Matt Damon. Vale que Bond ha tenido el rostro de muchos y buenos actores, pero es que Matt Damon es mucho Matt Damon. Y, por el momento, es único. Es decir, que a estas alturas de la película, 007 puede ser cualquiera. No hay un único rostro asociado a la franquicia. Algo que sí ocurre con Bourne. Aunque también es cierto que no está descartado que otro pueda recoger el testigo en un futuro.
Menos mitificación en el sentido de que Bond tiene muchas décadas y películas a sus espaldas. Eso por no hablar de que acarrea consigo cierto halo de mito y mucho de elementos identificativos. Léase el Aston Martin, el reloj de alta gama, el traje de sastre, el Martini, la belleza de turno y su clásica tarjeta de presentación: 'Soy Bond, James Bond'. Bourne, por su parte, es más de andar por casa. Vive en las sombras, huyendo de sus antiguos jefes. No tiene coche propio (lo roba todo el rato), no cambia de chica como de camisa y el traje no va con él.
Y tanto. Marcaron un antes y un después en el cine. ‘El caso Bourne’, estrenada en el ya lejano 2002, sentó las bases de cómo convertir las escenas de lucha y acción en una auténtica coreografía. Damon se mostró entonces como una auténtico héroe de acción dejando al espectador con la boca abierta y el corazón en un puño. Sus cuerpo a cuerpo son antológicos y pocos son capaces de hacer con un bolígrafo lo que él. Es cierto que en este sentido Bond ha mejorado mucho en las últimas entregas, pero el primero en esto fue Bourne.
Es algo que ha ido cambiando un poco con los años, pero Bond siempre ha sido algo machista en el tratamiento a los personajes femeninos. Hasta tiene su propia categoría para definir a las mujeres que aparecen en sus películas ‘chicas Bond’. Para entrar en ella, el requisito indispensable es estar buena y poco más. En la memoria reciente está el maltratado personaje de Bérénice Marlohe en ‘Skyfall’. Esta es de las mejores entregas de la saga, pero lo que hicieron con la pobre Severine en la isla no tiene nombre.
Es uno de los grandes atractivos de Jason Bourne, conocer exactamente ese pasado como agente de la CIA. Qué hizo a las órdenes de sus superiores y porqué ahora se lo quieren quitar de en medio cuando resulta que era de los mejores. Le da cierto halo de misterio al personaje que, por otro lado, y por mucho que nos caiga bien, no era ningún santo en su vida antes de perder la memoria. Pero ahí está la gracia. Bond, por el contrario, es más correcto, más británico en este sentido.
Artículo escrito por losExtras.es