16 de junio de 2017

Rob Roy: La verdadera Escocia

Pau Jané

El 25 de marzo de 1996 el equipo responsable de Braveheart marchó de la ceremonia de los Oscar con 5 premios (película, director, fotografía, efectos de sonido y maquillaje) bajo el brazo. Esta victoria supuso un punto de inflexión en la manera como el mundo veía la Escocia folclórica. El retrato de esta tierra que se imprimió en la cultura popular provenía de un filme escrito por un americano y dirigido por un australiano que, además, fue duramente criticado por su falta de rigor histórico. Es una lástima que su exagerado éxito eclipsara otra cinta ambientada en Escocia, cronológicamente 5 siglos posterior, escrita y dirigida por autóctonos (Alan Sharp y Michael Caton-Jones respectivamente): Rob Roy (La pasión de un rebelde). A continuación, analicemos detenidamente qué aspectos la hacen igual de meritoria de reconocimientos artísticos que Braveheart.
Antes de convertirse en una estrella de acción madura Liam Neeson se caracterizaba por su versatilidad, tan pronto era capitán de un submarino en la guerra fría como líder rebelde escocés del siglo XVIII de musculoso torso. Su capacidad para embarcar la audiencia en las aventuras de su personaje ya justifica el visionado de Rob Roy. Pero es que hay más. Jessica Lange brilla con su intensa interpretación, Tim Roth y Brian Cox generan irreprimible odio y rechazo con sus malvados villanos y John Hurt vuelve a dar un recital de actuación pese a tener pocos minutos en pantalla.
A diferencia de Braveheart, Rob Roy fue íntegramente rodada en Escocia. Por esa razón el filme desprende un encanto y hechizo únicos e inimitables, los de las famosas tierras altas. Aquí merece ser alabado el magnífico trabajo de fotografía realizado Karl Walter Lindenlaub por su tratamiento tan mágico de la luz que da a la cinta un áurea épica. También digno de mención es la reconstrucción de las rocosas viviendas situadas en medio de la naturaleza por parte de Assheton Gorton y el resto del equipo de diseño de producción.
El séptimo arte nos ha dado grandes luchas con esta arma blanca (Cyrano de Bergerac, Robin de los bosques, El tigre y el dragón…) pero nosotros no dudamos en incluir el combate entre Rob Roy y Cunningham entre las mejores. Intensidad, tensión, emoción y muchos calificativos más se le podrían asignar a esta prodigiosa secuencia. La valiente decisión de no incluir música durante los más de 5 minutos del desafío no puede ser más acertada ya que permite escuchar sonidos menos artísticos pero más realistas como el tintineo de las espadas o los gruñidos de los combatientes. El primer duelo de Cunningham, contra Guthrie, también es una escena para enmarcar.
Rob Roy empieza con varias imágenes de las tierras altas escocesas. De lejos vemos llegar a nuestro héroe y a su grupo de fieles seguidores y amigos. Su manera de avanzar por el territorio denota experiencia y sabiduría. Poco después se encuentran con unos ladrones de ganado. Este es un instante clave para entender la psicología del protagonista. Mientras algunos sugieren atacarles, él apuesta por el diálogo haciendo un ejercicio de empatía con unas personas que sufren muchas miserias. Aunque el plan no transcurre como prevé consigue hacer justicia cuasi sin violencia. Con una sola escena se nos muestra de forma sobresaliente el espíritu de un hombre. Una carta de presentación que nos asegura una historia bien contada. Un ejemplo más de que muchas veces no hace falta un brutal despliegue de medios para presentar un filme en condiciones, y que cuando hay talento, el presupuesto o la promoción son meros añadidos.
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