15 de septiembre de 2016

Rock en Serie (Vol. I)

Por Ismael Molero

Con el desembarco de 'Sin Límites' Paramount Channel, la serie en la que Bradley Cooper como productor expande el universo que él mismo protagonizara en 2011 con su homóloga cinematográfica, nosotros hemos querido aprovechar y echar la vista atrás para preparar una selección de las series que, a nuestro juicio, son o han sido las más rockeras en espíritu.

¡Ojo con esto! No nos referimos a series cuya trama gire en torno a la temática del rock o al mundo de la música (que de eso también va a haber), sino más bien a series que, por la actitud de sus personajes, por el carácter, por el tono de su historia, y sí, por la importancia que la música ha jugado en sus tramas o en sus momentos culminantes, son las que más conectan con la esencia del rock.
En esta primera entrega, nos vamos a centrar en personajes que por su carisma y personalidad, podrían pasar perfectamente por rock stars en su acepción más clásica. Y como no, que mejor manera de empezar que con el protagonista de 'Sin Límites', Brian Finch (Jake McDorman), ese casi treintañero fracasado y «canallita» que tras una píldora de NZT, esa –maravillosa- droga que da acceso al 100% de la capacidad cerebral, pasa de la noche a la mañana de músico sin futuro a colaborador estrella del FBI. Brian Finch es el arquetipo del adorable granuja, ese chaval «guapete» y simpaticón que a pesar de ser un desastre, con su sonrisa de pícaro y ese aire desvalido, acostumbra a -casi- siempre salirse con la suya. ¡Y además toca la guitarra!
Acompañando la retrospectiva sobre su vida que Brian nos ofrece en forma de monólogo en el piloto, encontramos «No Easy Way Out», tema de garage rock compuesto especialmente para la serie por los británicos Bad Mannequins, y que podéis encontrar completo y en exclusiva en el siguiente enlace junto a la escena en la que aparece.
De las píldoras de NZT pasamos a las de Vicodina y cambiamos un procedimental policíaco por otro médico, en el que el alto cociente intelectual de su protagonista, como en la serie anterior, juega un papel principal tanto en la trama como en el carisma de su personaje principal. Y es que, no es ningún secreto que gran parte del encanto de House, M.D. residía en la inteligencia de su estrella, el Dr. House, que a través de su genialidad y su «holmesiano» razonamiento deductivo, era capaz semana tras semana –tras descartar el Lupus- de resolver los más extraños e inusuales casos médicos.

Pero no nos engañemos, lo que sin duda nos atraía de Gregory House, soberbiamente interpretado por Hugh Laurie, no era su maestría en el diagnóstico, sino su misantropía, su cinismo, y esa socarronería que hacían de él un sociópata bastante simpático. Si a esa personalidad narcisista y autodestructiva le sumamos su dominio de varios instrumentos como el piano, el órgano, la guitarra o la armónica, encontramos en House a una de las mayores estrellas de rock que haya dado la pequeña pantalla, que además nos regaló momentos tan rockeros como este.
Escuchar el mítico «Baba O'Rilley» de los Who no ha vuelto a ser lo mismo después de esta escena, que no nos engañemos, todos en algún momento hemos tratado de imitar (y en la que, tampoco nos engañemos, todos hemos dado antes de tiempo el golpe de air piano con la mano izquierda…).

Sin embargo, parece que fue con el final de su papel más reconocido cuando Hugh Laurie pudo dar por fin rienda suelta a otra de sus grandes pasiones, el blues. El actor inglés, como su personaje, también es un multi-instrumentista. Empezó a tocar el piano a los 6 años, y actualmente es capaz de desenvolverse con la guitarra, el piano, la batería, el saxofón y la armónica. Además, en sus dos álbumes publicados hasta la fecha, Let Them Talk (2011) y Didn't It Rain (2013), también canta, como en esta «You Don't Know My Mind».
Igual de carismático y autodestructivo que el propio Dr. House, aunque con algo más en común con el encanto a lo "adorable granuja" de Brian Finch, no podíamos cerrar este artículo sin acordarnos del gran Hank Moody, ese escritor metepatas con aire de Don Juan desastroso al que daba vida David Duchovny en Californication. La serie de Showtime, que podría ser considerada la «serie rockera» por antonomasia, guarda una estrecha relación con el género, tan estrecha, que se remonta hasta su mismo origen.

Y es que, tras su estreno en 2007, los Red Hot Chilli Peppers decidieron demandar a la cadena de televisión por considerar que el título de su nueva emisión se apropiaba de una palabra que ellos ya habían utilizado en 1999, tanto para su álbum Californication como para el single del mismo nombre.

Sin embargo, el creador de la ficción, Tom Kapinos, argumentó que aquel término no era creación de la banda californiana, sino que se remontaba, como mínimo, a un artículo que la revista Time había publicado en 1972, «The Great Wild Californicated West», aclarando que él mismo había sacado la inspiración para usarlo de unas pegatinas para la parte trasera de los coches de aquella época en las que podía leerse «don't californicate Oregon».
Venga de donde venga la expresión"californication", no cabe duda de que el rock y la serie estuvieron unidos desde el principio; y es que, ¿qué hay más rockero que arrancar un piloto al ritmo del «You Can´t Always Get What You Want» de los Rolling Stones, siguiendo a un escritor bloqueado en su descapotable, que entra en una iglesia a confesar sus pecados y acaba recibiendo una curiosa «penitencia» de una atractiva novicia? Pues así es exactamente como Tom Kapinos nos presentaba a Hank Moody.
Buena manera de empezar una serie. Toda una declaración de intenciones, y más al ritmo de los Stones, que aportaban el primer corte de la banda sonora espectacular que iba a acompañar a Hank Moody, ese alter ego de Charles Bukowski, aunque más atractivo y menos turbio que su"viejo indecente" Hank Chinaski. Por no hablar de la «calidad» de las conquistas de uno y otro…
La clave está en que el personaje que interpreta Duchovny, es en muchos momentos más que un escritor, una consumada estrella del rock, mundo con el que flirtea a lo largo de las siete temporadas, llegando incluso a irse de gira con Atticus Fech, ficticia estrella de rock, o a ser el biógrafo oficial del productor Lew Ashby, claramente inspirado en el legendario -y lunático- Phil Spector. Serie completamente underground y de culto, que a unos cuantos nos tuvo queriendo ser Hank Moody en nuestros años universitarios, aunque con poco éxito la verdad, y que nos enseñó que, sin duda, el Blood on the Tracks de Bob Dylan "es el disco del desamor".
Pero en honor a la verdad, hasta en ocasiones a Hank Moody le costaba ser Hank Moody, metiéndose en situaciones rocambolescas de las que, eso sí, siempre lograba salir inexplicablemente. Sin ir más lejos, y sin destripar la trama (¡Ojo ligerísimo SPOILER!), en el final de la tercera temporada, con el remix de '03 de «Rocket Man» aportando el clímax musical, Moody parecía tocar fondo en una escena desgarradora que pone los vellos de punta, en la que vemos al antihéroe hundirse y alejarse de sus seres queridos por sus malas decisiones y sus adicciones, arrastrado hacia la soledad y el olvido del espacio oscuro que describe Elton John.
Sin embargo, y por eso hemos elegido esta canción como epílogo, al final de la serie Elton John vuelve a cantarnos su «Rocket Man», pero esta vez para impulsar a un Hank que sube hasta las nubes en un avión, dejando atrás por fin sus errores del pasado. Pero hasta esa escena, es mejor que recorráis el camino por vosotros mismos.
Artículo escrito por laChozaDelRock.com
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