22 de mayo de 2017

Rocky II: Los amigos también se pelean

Cualquiera podría pensar que una vez alcanzado el éxito ya no hay problema que se te resista. Eso mismo debió pensar Rocky Balboa cuando, tras casi dejarse la cara en el ring, logró resistir todos los asaltos contra Apollo Creed y hacer frente al campeón invicto de los pesos pesados. Sin embargo, detrás de los focos del triunfo se esconden un sinfín de retos ante los que alguien tan inocente como Rocky no va a poder superar con tanta facilidad. La fama puede volverse en tu contra. O peor todavía, puede poner en tu contra a aquellos que hasta ahora siempre te han apoyado.

Y es que además de lidiar con un nuevo modo de vida que no parece ser para él, el Potro Italiano tendrá que enfrentarse a sus amigos a la hora de tomar decisiones que repercutirán en su legado como leyenda del boxeo. Porque hay que tener en cuenta que en Rocky II todavía estamos asistiendo a la creación del mito, y para poder llegar a lo más alto también hay que darse de morros contra el suelo y aprender unas cuantas lecciones.
La experiencia nos ha enseñado que un día tenemos a alguien hasta en la sopa y al día siguiente ni siquiera recordamos su nombre. El triunfo es efímero y hay que saber manejarlo muy bien para que no sólo no nos coma, sino que podamos sacarle el mejor provecho posible. A Rocky, humilde e inocente por naturaleza, esta fama repentina le jugó una mala pasada hasta dejar su autoestima casi tan vacía como su cuenta bancaria. Así que ya sabes, no te vuelvas loco sacando a pasear tu vanidad y tu tarjeta de crédito comprando cosas que evidentemente están por encima de tus capacidades.
En Rocky II vemos por primera vez cómo su protagonista plantea retirarse del boxeo. Motivado por el embarazo de su esposa y por los médicos, Balboa reconoce que no hace falta jugarse la vida para poder comer cada día. Lo que no sabe es que el mundo laboral es tanto o más salvaje que un combate en el ring. Encontrar un trabajo estable o bien remunerado ya parecía imposible en 1979, pero eso no detendrá a nuestro héroe a la hora de reconducir su vida profesional aunque tenga que arruinarse imprimiendo currículums.
Muchos podrían venirse abajo al ver que sus habilidades son limitadas y la gente se mofa de ello públicamente. Rocky podría haber aceptado que no sirve para más que dar puñetazos y vivir amargado el resto de su vida. Sin embargo, en vez de lloriquear, se esfuerza por mejorar sus puntos débiles. Sabe que la fuerza y la constancia son sus mejores cualidades, y no dudará en aprovecharlas para lo que haga falta, ya sea para mejorar su comprensión lectora, para ser el mejor empleado del matadero o para sacar adelante su futura familia.
Un gran hombre siempre tiene a su lado una gran mujer. Rocky Balboa no sería Rocky Balboa sin Adrian. Su esposa es la cabeza pensante del tándem. Todas las decisiones importantes que ha tomado en los últimos años han sido siempre consensuadas con ella. De hecho, si la hubiese escuchado a tiempo, es probable que ni siquiera hubiesen acabado en bancarrota. Por eso, cuando su mujer sufre un parto prematuro que casi acaba con su vida, Rocky no cede a las presiones de Apollo Creed por enfrentarse de nuevo a él hasta que ella no se recupera y lo anima a hacerlo. Y claro, a ver quién se atreve a tumbar esta mole con sobredosis de confianza.
Para poder destacar en algo no basta con que se te dé bien. Rocky no va a volver a ganar a Creed sólo por ser buen boxeador. Para declararse campeón tiene que ser el mejor, y eso sólo podrá conseguirlo conociendo a fondo a sus rivales. Por tanto, Balboa deberá empaparse de los consejos de su colega Bruce Lee y convertirse en agua para saber cómo abatir a quien se le ponga por delante. Y parece que lo ha aprendido, pues todavía no ha aparecido otro boxeador en el cine que le haya arrebatado el puesto al Potro Italiano después de tantas décadas sabiendo qué puño usar para tener al público a sus pies.
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