16 de mayo de 2017

Rocky III: Respeto al maestro

El potro italiano se ha convertido en el campeón mundial de los pesos pesados y cree erróneamente que por estar en lo más alto es invencible. En un constante afán por protegerlo, su entrenador (que lo multiplica en experiencia y sabiduría) intenta que Rocky ponga los pies en la tierra y le desaconseja embarcarse en combates suicidas tales como batirse contra Clubber Lang, el inmisericorde aspirante número uno al título. Rocky III es un homenaje a la figura de Mickey no solo como entrenador sino como referente absoluto del púgil. Un verdadero maestro que va más allá de la mera enseñanza, y sin el cual Rocky Balboa no sería quién es. Rocky III es un grito de advertencia que debemos escuchar todos, porque por muy altos que sean nuestros logros y victorias, un maestro es un maestro, y no escucharle puede suponer un error garrafal.

Una tercera entrega que además incorpora el mítico temazo "Eye of the tiger", y que respetando el espíritu de la saga, viene cargada de lecciones de vida y superación personal. Veamos las cinco más destacadas.
La fama y el dinero siempre atraen a los moscones, y Rocky no se libra de este revés. Al principio de la película su amigo y cuñado Paulie le echa en cara que él siempre lo ha ayudado y no le está devolviendo el favor. Rocky lo contrarresta con esta lección. Es otra forma de decir que no hay que dar esperando recibir. Y por añadidura: "Tampoco se les debe nada a los amigos. Si hacen algo es porque quieren".
En el ascenso a la cumbre, a Rocky le ha pasado lo peor que le puede pasar a un boxeador: se ha civilizado. Esa sabia y valiosa apreciación que hace su entrenador da que pensar, y es que Rocky ya no es el que era. Se ha acomodado y ya no pelea con la misma agresividad que al principio de su carrera. Esta reflexión es aplicable a cualquier persona con aspiraciones: cuando quieres ser el mejor en lo tuyo, no cabe bajar la guardia ni relajarse.
Mickey previene a Rocky de que no haga caso a provocaciones, pero Clubber Lang logra tocar el orgullo del boxeador insistiendo en que sólo es campeón por haber ganado peleas amañadas. Rocky acaba aceptando el combate para demostrar que no le tiene miedo. Pero de bravuconerías no se vive, y acaba perdiendo el título frente a su contrincante.
Tras la pérdida del título y de Mickey, Rocky se queda completamente derrotado. Pero hay alguien que estuvo observando el combate desde fuera: el hombre a quién arrebató el título en primer lugar, Apollo Creed. Dejando atrás su rivalidad, Apollo no permite que Rocky se dé por vencido y se auto-asigna como su nuevo entrenador. Una alianza tan extraña como épica.
Rocky se precia por ser un hombre humilde que da prioridad a su familia por encima de todo. Esto provoca que necesite constantes "empujoncitos" de Mickey o Adrian para convencerse de que también debe luchar por su sueño en el ring. Rocky III es una lección de reconocimiento interior. Nos enseña que hay que sobreponerse a las dudas y las inseguridades, algo totalmente normal. El apoyo de fuera está muy bien, pero la clave está en creer en uno mismo, pues si salimos a pelear derrotados de antemano seremos los únicos responsables de ese combate perdido.