9 de febrero de 2017

Romances sin sobredosis de pastel

Por Claudia Lorenzo
 
Para ser el tema que mueve el mundo, las historias de amor en el cine, cuando más alegres y felices sean, cotizan a la baja y hacen que, al final, la gente considere que si todo es maravilloso, la calidad de la historia es lo que se queda escaso. Sin embargo, si nos gustan los relatos románticos en el cine, la literatura, el teatro o la música es por una razón visceral y primitiva y porque, al final, todos lo tenemos en común. Aquí os dejamos una selección de romances nada cubiertos de merengue que harán las delicias de cualquier espectador que les dé una oportunidad.
Nada dice "poco pasteloso" como caer del sofá a mandíbula batiente viendo a Buster Keaton escaparse de docenas de mujeres que corren, vestidas de novia, tras él por la ciudad intentando ser las primeras en agarrarle y plantarle en el altar. 'Siete ocasiones', película en la que Keaton recibe una herencia sonada que sólo cobrará de casarse antes de su próximo cumpleaños (al día siguiente de la lectura del testamento), tuvo un desdichado remake en el que Chris O'Donnell hacía de galán (decentemente) y de cómico (no tan decentemente). Pero no hay nada más romántico que observar a alguien intentar convencer a otro alguien que se case con él… sin palabras.
Y de un genio del cine mudo a otro. Cuando preguntan "¿Keaton o Chaplin?" no deberíamos tener que contestar porque… ¿qué necesidad hay de elegir cuando uno puede disfrutar de tanta magia con ambos? Charles Chaplin, en una de sus obras maestras como Charlot, cuenta la historia del vagabundo que, enamorado de una florista ciega, intenta por todos los medios conseguir dinero para pagarle la operación que le pueda devolver la vista. El final de la película hace que a uno se le derrita el corazón de fe en la humanidad.
Este es un buen hombre que, cuando se enamora y es feliz, canta. Y no le importa que llueva a cántaros, que el paraguas no le tape de los charcos o que el sereno crea que se le ha ido un poco la cabeza. De hecho, se le ha ido bastante, de amor. ¿Qué hay más humano que eso? Además, la historia habla de la primera época del cine sonoro, cuenta con las infinitas piernas de Cyd Charisse, los bailes de Donald O'Connor y la mirada de Debbie Reynolds. Todo en un bonito paquete de Stanley Donen y Gene Kelly que es como decir: la felicidad iba en pareja.
No es la segunda parte de 'Crepúsculo'. Esta 'Luna nueva' se titula en inglés 'His Girl Friday' que, de alguna forma, vendría a ser, literalmente, 'Su Viernes (el de Robinson Crusoe) femenino' y, figuradamente, 'la horma de su zapato'. Cary Grant y Rosalind Russell, en una adaptación de la obra de teatro de Ben Hecht 'Primera plana', dirigidos por Howard Hawks y hablando a mil palabras por minuto, en una serie de diálogos que son como un Nadal-Federer y que demuestran que, en su mejor momento, la comedia romántica es un género que puede volar hasta el infinito.
Hitchcock tenía un punto romántico raro, era un tipo enamorado de las relaciones de pareja cuya presión siempre utilizaba como instrumento de tortura para los personajes (¿’Rebeca’, alguno?). ‘Encadenados’ es, una vez más, Cary Grant con Ingrid Bergman haciendo de espías y llevando su temido McGuffin hasta lo más lejos, haciéndonos creer que, de verdad, nos importa algo la actividad de una espía con un nazi, antiguo amigo de su también nazi (y fallecido) padre, cuando el interés honesto radica en la relación amorosa que comienza entre el agente que la recluta y ella, y cómo su trabajo se interpone en sus planes. Al teclado (de la máquina de escribir, se entiende) otra vez Ben Hecht y ante las cámaras, el beso (entonces) más largo de la historia del cine.
Hay dos realidades paralelas en este planeta en las que habitan dos Holly Golightly diferentes. Una es la del relato de Truman Capote, con un aire inocente y, a la vez, sórdido, el tipo de personaje que el escritor quiso que interpretase Marilyn Monroe. Al otro, la Golightly de Blake Edwards, a la que le puso cara, alma y voz una luminosa Audrey Hepburn, que se negó a que su ‘Moonriver’ fuese eliminado del metraje y que creó icónicas imágenes para toda la eternidad (además de convertir el Tiffany’s de la Quinta Avenida en un lugar ideal para desayunar). Su historia de amor con George Peppard es tan auténtica como, en ocasiones, imposible.
El matrimonio hecho añicos de casi todos los involucrados en el rodaje de este filme dota a la historia de un aire algo romántico, mágico e inevitable. Lo anunciaban como “Audrey Hepburn y Albert Finney hacen del hecho de vivir algo maravilloso” y puede ser, pero también hacen del hecho de estar casados y ser pareja algo tremendamente real y agridulce. Un filme extraordinario en el que, a través de flashbacks, conocemos quiénes eran los protagonistas y quiénes son hoy en día. Y si bien la vida no es necesariamente todos los días ‘algo maravilloso’, sí que lo es estar vivo y enamorado.
Por alguna razón, la presencia de Barbra Streisand en películas de los 70 y 80 se considera una llamada al pastel, cuando es todo lo contrario. 'Tal como éramos', por ejemplo, es sobre todo el retrato de una mujer independiente que nunca renuncia a su forma de ser para adaptarse a la personalidad del gran amor de su vida, Robert 'Hubbell' Redford. 'Sexo en Nueva York' tiene un capítulo estructurado alrededor de este personaje rebelde, complicado, feminista, seductor y auténtico. La historia de amor es de las que dejan huella, y la canción de Streisand, de las que hacen llorar.
Es la comedia romántica de todos los raritos alternativos que niegan que les gusten las comedias románticas más allá de esta película de culto dirigida por Hal Ashby que cuenta el romance entre un veinteañero deprimido y con afición a cometer falsos suicidios y la feliz septuagenaria que le enseña a ver el mundo de otra forma. La maravillosa Ruth Gordon (de ‘La semilla del diablo’ y coguionista de ‘La costilla de Adán’) es la alegre Maude, encarnando un personaje que enamora a Harold, y al mundo entero.
De entre todas las comedias románticas de los últimos treinta años, de entre todos los análisis de las relaciones entre hombres y mujeres, nadie puede superar este complejo engranaje, con apariencia sencilla, que elaboraron al alimón Nora Ephron (guionista) y Rob Reiner (director) en donde dos desconocidos comparten un viaje eterno hacia Nueva York, iniciando una relación que se alarga más de 11 años y que acaba con una amistad íntima que les lleva a pensar: ¿pueden los hombres y mujeres ser amigos, o siempre hay algo más? Cuando Ephron anda suelta cerca, siempre hay algo más.
Si con ‘La Sirenita’, el estudio Disney le declaró al mundo su vuelta tras unos años difíciles, con ‘La Bella y la Bestia’ decidió derribar la puerta y entrar arrasando. Una historia inofensiva entre una rata de biblioteca y una bestia se transformó en un festín de alegría, personajes inolvidables, frases y canciones legendarias y la primera protagonista feminista en la historia de la factoría. Si muchos se enamoraron de la magia que desprendía el relato de la Bestia y su transformación, muchos más se quedaron prendados, como demuestra el próximo remake, del personaje de Bella.
Si Shakespeare es el mejor guionista de dramas cinematográficos de la historia del cine, Jane Austen es la maestra de las comedias románticas en donde todo es más de lo que parece. Y si he perdido a alguien hablando de Austen en la entrada de ‘Clueless’, hay que aclarar que, aunque situada en un instituto californiano de los noventa, este éxito del cine de adolescentes es una traslación, bastante fiel, del ‘Emma’ de la inglesa, en donde una niña pija de buen corazón jugaba a emparejar a las personas que tenía a su alrededor sin darse cuenta de los propios romances que pululaban por su vida.
Pre-‘Shakespeare in love’ y la gran fiebre de Gwyneth Paltrow, esta pequeña película británica analizaba qué pasaría si, en un ínfimo momento de nuestras vidas, algo hubiese cambiado, produciendo una reacción en cadena infinita. La protagonista vive dos historias paralelas, en una llega a coger el metro y vuelve a casa antes de tiempo, en la otra pierde el tren y se retrasa. Las dos la llevan por diferentes caminos, las dos le enseñan realidades alternativas y, sobre todo, las dos le ayudan a descubrir quién es ella y qué tipo de vida quiere vivir con el hombre que tiene a su lado.
El amor en la gran pantalla no sería lo mismo sin la narración, a saltos y durante veinte años, del romance de Jesse y Celine, desde aquel tren en el que se conocieron camino de Viena, y del que bajaron para pasar una noche inolvidable, hasta la isla de Grecia en la que se encuentran décadas después junto a familia y amigos, pasando por esa hora y media de conversación en tiempo real en París que hace que la ciudad sea, una vez más, la metrópolis del romance. Richard Linklater tras la cámara y un guión a seis manos entre él y sus dos actores principales, Julie Delpy e Ethan Hawke, buscan la forma de narrar el amor verdadero, más allá del impulso romántico inicial.
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