20 de julio de 2017

Siete fauces malditas del cine de terror

Por Pol Llongueras

Tiburón
, Anaconda, Jurassic Park, Los pájaros, Arachnofobia… La historia del cine de terror está repleta de colmillos afilados, picos puntiagudos y habilidosos arácnidos con temibles pinzas que nos han perseguido durante noches oscuras y hasta en lo más profundo de los sueños. Pero una de las cosas que más nos hace temblar es cuando el cánido arma sus fauces contra la mano que le da de comer, o cuando por acto de alguna magia antigua transforma al ser humano en un aberrante ser de hocico alargado y orejas puntiagudas solo en las noches de luna llena... A continuación hablamos de seis películas en las que el perro dejó, durante un par de horas, de ser el mejor amigo del hombre:
En el sur de una España postapocalíptica, un fugitivo desesperado huye de un campo de prisioneros en busca de su amada… pero un feroz Rottweiler resurgido de entre los muertos (con no pocas semejanzas estilísticas con los Terminators) le persigue hasta los confines del mundo con tal de acabar con su vida. Dentro del subgénero fílmico (pequeño, pero altamente apreciado) de los perros científicamente modificados, Rottweiler  se encuentra al mismo nivel que El mejor amigo del hombre (1993), pero quedará marcado a fuego por tener el mejor plano de reacción de un pollo en toda la historia del cine, que podréis apreciar en Paramount Channel el viernes 21 de julio a las 00:25.
Basada en un relato de Stephen King que ni él mismo recuerda haber escrito (fue escrito durante la etapa de máximo alcoholismo del escritor de Portland), Cujo nos presenta a un adorable San Bernardo al que solo le hace falta el mordisco de un murciélago para volverse loco y aterrorizar a todo un vecindario. Con una potente media hora final bastante espeluznante, el filme goza del encanto de lo artesanal (para el perro protagonista se usaron cinco san bernardos diferentes, una cabeza mecánica y un hombre en un disfraz de perro), y en él destaca sobre todo el trabajo de fotografía de Jan de Bont.
Clásico entre clásicos, esta película de un jovencísimo Joe Dante tiene reservado un lugar especial en la historia del cine de terror por sus maravillosos efectos especiales. Disfrazada de thriller psicológico, esta película de terror provoca una verdadera sensación de inquietud al equiparar el licantropismo a una enfermedad mental fruto de la depravación sexual. Rick Baker iba a encargarse de los efectos especiales de Aullidos, pero los dejó en manos de su asistente Rob Bottin para poder encargarse de los efectos de Un hombre lobo americano en Londres. Estrenadas en el mismo año, si hay algo más allá de los licántropos que tienen en común esas dos películas son esos efectos especiales que revolucionaron a los espectadores de la época.
Tras sus exitosos trabajos con los monstruos de la Hammer, Terrence Fisher quiso iniciar una serie de filmes (los primeros en color) sobre el detective más famoso de la ficción, con el mítico actor Peter Cushing como actor protagonista. Por desgracia, el público no aceptó películas de la Hammer sin monstruos de por medio, y la producción de una serie por parte de la Hammer fue cancelada de raíz. En esta aventura, quizás la más conocida de todas las de Sherlock Holmes, el perro de Baskerville (sabueso, en algunas ediciones) es esa bestia misteriosa, casi infernal, a la cual se culpa de los asesinatos acaecidos en el páramo por una supuesta antigua maldición sobre la familia Baskerville, y que al final no es más que un perro normal al que el fósforo otorga un brillo característico.
La re-imaginación del mito del hombre lobo que ideó Mike Nichols a mediados de los noventa llenó más de una sala de cine, aunque no logró quedar demasiado anclada en las retinas de sus espectadores. Eso sí, sólo por ver la pelea entre un desatadísimo Jack Nicholson (al que ya habíamos visto y seguiríamos viendo en papeles haciendo gala de su maestría para la locura cinematográfica) y James Spader convertidos en licántropos, a nosotros el visionado de Lobo nos vale la pena lo suficiente.
Un grupo de buscadores de petróleo (entre los que se encuentra Liam Neeson) se estrellan en la fría y nevada Alaska. Perdidos en la tundra subártica, además de intentar sobrevivir en temperaturas bajo cero mientras encuentran un camino a casa, deberán enfrentarse a los feroces, hambrientos, y enormes lobos que, en esta película, juegan en un terreno que conocen bien. No se salva de las comparaciones con ¡Viven! (1993), película a la que incluso referencia en algún momento del metraje. Una película de aventuras y terror casi existencialista, cuyos mejores momentos son aquellos en que los personajes (a los que se retrata de una manera muy humana) discuten alrededor de un fuego y hablan sobre Dios y sobre ellos sin recordar los temibles cánidos blancos que les acechan.
Treinta y seis años después de su estreno, resulta sorprendente revisar Un hombre lobo americano en Londres y apreciar cómo de bien la ha tratado el tiempo. Tras su encuentro con una bestia terrorífica, dos amigos de viaje por Europa terminan convertidos, el uno en licántropo, y el otro en un no-muerto condenado a existir eternamente atormentado. En este filme de culto, John Landis combina de una forma experta el terror, el suspense, la comedia adolescente y la música de los Creedence Clearwater Revival, apoyado en unos efectos especiales que se hicieron con el Oscar a Mejor maquillaje. ¿Su secuencia cumbre? La espeluznante transformación de David Naughton en lobo a ritmo de Blue Moon de Sam Cooke.
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