7 de mayo de 2018

¿Sobrevivirías a '30 días de oscuridad'?

Por Cristina Domínguez

En 2007, David Slade (Hard Candy) adaptaba a la gran pantalla la novela gráfica homónima de Steve Niles ilustrada por Ben Templesmith publicada en 2002. La historia se sitúa en Barrow, Alaska, un pequeño pueblo que durante treinta días no ve la luz del sol. Ahí es donde los vampiros aprovechan para salir.
Uno de los aciertos del film es la utilización de una ciudad aislada de la civilización que sufre temperaturas extremas como lo es Alaska. Permite al espectador adentrarse en la sensación de angustia que experimentan los protagonistas. La ciudad utilizada, Barrow, existe de verdad.
 
Si junto al frío y al aislamiento sumas un grupo de vampiros con sed de sangre y un grupo de humanos con todas las de perder, Alaska se convierte en un escenario idóneo en el que desarrollar esta historia.
Uno de nuestros protagonistas, el Sheriff Eben Oleson, es interpretado por Josh Hartnett, una de las caras conocidas que iremos viendo a lo largo de la historia. Junto a él, Melissa George como Stella Oleson y Danny Huston encarnando el vampiro jefe de todo el cotarro. Un papel al que el actor no nos tiene acostumbrados, pero al cual sabe adaptarse más que bien.
El casting lo completan Beau Brower (Mark Boone Junior), Jake Oleson (Mark Rendall) y "el extraño" (Ben Foster), un forastero que hace su aparición en el peor momento en el peor lugar.
Otro de los puntos que funciona en el largometraje es la caracterización de los vampiros. Y es que, sin ser demasiado compleja o efectista, logra conseguir la atmósfera de los villanos que necesita. Ojos inyectados en sangre, dentadura afilada y tono de la piel palidecido.
También hay que recalcar que el hecho de que la historia transcurra durante una noche que parece eterna ayuda a que el ambiente sobre el que se construyen estos personajes funcione mejor. Y, si parece que no funciona, se añade más sangre.
La película consigue que empaticemos con los protagonistas humanos porque nos sentimos como ellos, tenemos los mismos defectos y virtudes, al fin al cabo somos lo mismo. Esa diferenciación con los antagonistas, los vampiros, ayuda a que esa empatía resulte más efectiva. Por ejemplo, la aparición de Gail Robbins (Rachel Maitland-Smith) una niña en peligro, contribuye al mismo efecto.
Las películas que utilizan monstruos, seres humanos mutados o cualquier tipo de animal tienden a crear esa identificación de bueno-malo muy rápidamente. Por ejemplo, en Soy Leyenda (Francis Lawrence, 2007), no solo nos identificamos con Will Smith desde el primer minuto, sino que sentimos el mismo miedo y repulsión hacia las criaturas que lo acechan (al menos, al principio de la película).
En definitiva, 30 días de oscuridad es una película que juega con el concepto de 28 días después (Danny Boyle, 2002) y 28 semanas después (Juan Carlos Fresnadillo, 2007) con sus propias aportaciones y reduciendo el territorio de alcance. Un largometraje con el que sufrir y disfrutar a partes iguales, ¡y también en Replay!
  • Cine