Tessa, el alma de ‘El jardinero fiel’

Por Claudia Lorenzo

'El jardinero fiel', la película de Fernando Meirelles, no sólo es una gran adaptación del inmenso libro homónimo de John le Carré, sino también un ejemplo de calidad cinematográfica por sí mismo. Los colores saturados de Kenia, el luminoso gris londinense y la fascinación de unos cuantos idealistas por una causa se mezclan con una historia de amor interrumpida por la alta política, las grandes farmacéuticas y las injusticias de nuestro mundo. Por encima de todo esto, sin embargo, brilla un personaje al que conocemos en flashbacks, gracias a los instantes que su marido, Justin, repasa mientras le busca una explicación a la tragedia de los primeros minutos de historia.

Pero, ¿por qué es Tessa, la esposa del jardinero fiel, tan importante para la narración? ¿Por qué es el alma de la película?
No destripamos más que el primer minuto cuando decimos que ‘El jardinero fiel’ es una historia que nace a partir de la muerte de Tessa. Desde ese momento, en el que lo descubrimos nosotros y, minutos más tarde, en el que lo conoce Justin, el desarrollo es un puzle que sólo responde a una pregunta: ¿por qué ha muerto esta mujer? ¿Qué ha llevado a su fallecimiento y cuánto de ello se podía haber evitado?
Desde casi el comienzo de la película, diferentes personajes intentan sembrar dudas, desconfianzas, engaños generados por Tessa en cualquier ocasión en la que les sea posible, tanto de forma pública como privada. Es labor del protagonista, y del espectador, diferenciar el trigo de la paja, y también es labor de ese personaje al que vemos fugazmente a través de los recuerdos de Justin hacernos dudar de las acusaciones tan claras que se presentan en su contra. Todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario.
La primera vez que Justin ve a Tessa, ésta le echa una bronca espectacular al finalizar una charla en la que se queja de las relaciones diplomáticas del Reino Unido y de su papel a la hora de intentar evitar injusticias y conflictos armados. Mientras todos los demás asistentes la abandonan en su protesta a gritos, Justin se queda a escucharla hasta el final porque, aunque le pierdan las formas, tiene un buen fondo. Hay algo en Tessa, una persistencia, una cabezonería, que la hace encantadora y molesta a partes iguales. Tal vez porque presenta molestias necesarias, ante las cuales la gente debe abrir los ojos. Tal vez porque no hay nada ni nadie que la pare cuando tiene algo metido entre ceja y ceja. Tal vez porque, en el fondo, es igual de vulnerable que todos aquellos a los que quiere proteger, y esa vulnerabilidad la hace empática.
En el momento en el que ella comienza su alegato a favor de los más desfavorecidos, Justin se rinde a sus encantos. A pesar de que parezca una pareja imposible, formada por el típico diplomático estirado y la típica hippie trasnochada, hay algo que les une. Algo que deja claro que el inconformismo de ella casa con la lealtad absoluta que él le profesa. Su valentía hace que él olvide su cobardía y que se complementen con el respeto como base.

Es normal querer a Tessa, sus ganas de cambiar el mundo nunca la hacen olvidar ese mismo mundo que quiere salvar y en el que vive, y se comporta con elegancia, fuerza y cariño hacia quienes la rodean, y con amor absoluto hacia su marido. Tessa no es simplemente el personaje de una activista dedicada exclusivamente a arreglar los desperfectos de África. Es también una mujer enamorada, una seductora, una madre y una amiga.

Al retratar la forma en la que los personajes se miran, se admiran, se protegen y se salvan mutuamente, Meirelles hace posible que, cuando la mitad de la pareja falta, uno sienta como real el dolor infinito de Justin, y su necesidad de buscar respuestas, cueste lo que cueste. El desconsuelo de su marido no sucede, de hecho, al recordarla ante sus mayores gestas y momentos de rebeldía, sino al imaginar su primer encuentro sexual y esos instantes felices e íntimos en los que la realidad se queda fuera.
Se llevó un merecido premio de la Academia de Hollywood a la mejor actriz secundaria por este papel en el que hace de una aparición ocasional un personaje omnipresente. Tessa podía haber sido alguien obsesivo, negativo, difícil, complejo en el sentido más oscuro de la palabra, podía haber sido una cínica enfadada con el mismo mundo que intenta recomponer y una mujer enamorada que no colocaba su amor en su lista de prioridades. Weisz, sin embargo, hace de ella un personaje transversal, que cruza infinitas líneas y mezcla miles de características para dejar claro que hay muchos intereses en su vida y que no sólo uno es su razón de ser.

Rachel Weisz enamora a la cámara con su delicadeza, con su fortaleza y con su jugueteo constante con su marido, y hace de Tessa un ser rebosante de luz. Al mostrarla como una persona más, honesta, insistente, sufridora, preocupada, buena aunque imperfecta, en el fondo, eso hace que todos queramos saber por qué el planeta ha perdido a alguien como ella.
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